Recent Post

domingo, 14 de agosto de 2011

"El Universo se expande de forma muy acelerada"



Francisco Sánchez, en su despacho del IAC.  Foto: José Luis González
Es como un padre que ve crecer a su criatura y la protege siempre de la misma forma aunque pasen los años y alcance la mayoría de edad. Francisco Sánchez siente una enorme satisfacción cuando habla del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), un centro que creó "de la nada" hace casi tres décadas.

Este catedrático de Astrofísica llegó hace 50 años a Canarias, procedente de su Toledo natal, con su licenciatura de Física bajo el brazo y la suerte de que le encomendaran comprobar "si este sitio reunía condiciones para la moderna astronomía". Su labor ha sido reconocida en muchas partes del mundo y de las Islas, en varios de cuyos municipios es Hijo Adoptivo. Precisamente este martes recibe esta distinción del Ayuntamiento palmero de Garafía. Espera jubilarse el próximo año, aunque siempre dice lo mismo, para recuperar la labor de investigación. "Quiero volver a divertirme", afirma.

–¿Quién le encargó aquella expedición a las Islas hace 50 años?

–Bueno, fue algo un poco chocante. En aquella época, el Ministerio de Educación Nacional, que así se llamaba, creó el Observatorio del Teide, dependiente del rector de la Universidad de La Laguna. Éste, junto a un catedrático de Astronomía de Madrid, vinieron a buscarme, y me descolocó que vinieran a por mí.

–Porque usted estudió en Madrid, ¿no?

–Sí, estudié Física. Entonces no existía la Astrofísica como carrera. Ésta empieza en Canarias y lo hace conmigo. Yo fui el primer catedrático de Astrofísica del país. Lo digo como timbre de atraso, no de gloria. ¡Hemos arrancado tantas cosas aquí! La clave no es lo que hoy tenemos, sino haber llegado hasta aquí y en tan poco tiempo. Cuando me liaron para venir a Tenerife sólo había un telescopio que no era de juguete, pero casi. Muy pronto me di cuenta de dos cosas: que a mí lo que realmente me gustaba era la astrofísica y que este sitio era increíble. Entonces me tuve que armar para aprender astrofísica y para conseguir que este lugar se fuera poblando de telescopios y de científicos. En aquella época no había dinero para nada, por eso tuvimos que convencer a los de fuera para que vinieran a Canarias a poner telescopios. El salto que ha dado la astrofísica en España es increíble: hemos pasado de la nada a estar entre los primeros países del mundo. Además, en los ranking americanos, lo que contribuye la ciencia española en general a la ciencia mundial está entre el 2% y el 3%, mientras que en astrofísica estamos en el 6%. Es un salto tan grande, que tengo que hablar del milagro astrofísico español. Y de no tener telescopios y tirar con instrumentos de otros, hemos llegado a hacer el mejor y mayor telescopio del mundo (Gran Telescopio Canaria, GTC). Es la primera vez que España invierte dinero importante en la astronomía con el GTC. El haber conseguido hacer este telescopio, que nadie creía que fuéramos capaces de hacer, es como sacarte 30 medallas de oro en una Olimpiada.

–¿Qué es lo primero que se le pasa por la cabeza cuando oye hablar de crisis?

–Bueno, no puedo desvincularme del hecho de que soy un hombre y lo primero que pienso es en la muchísima gente que lo están pasando mal. Uno no deja de angustiarse por lo que está ocurriendo. Y después, desde el punto de vista científico, claro que notamos la crisis, pero el verdadero drama está en el humano. En ciencia, si no vamos más deprisa, pues iremos más lentos.

–¿En qué lugar queda la investigación en este maremágnum de recortes presupuestarios?

–Eso quisiera saber yo, porque no depende de nosotros. Vamos a ver si en estos momentos la ciencia está en las prioridades de los gobiernos, porque esto va muy ligado a la cultura. En los países cultos, en el sentido global, porque cultura es ciencia y tecnología también, se sabe que mimar la ciencia es conseguir desarrollo. Los países más avanzados en estos momentos, Estados Unidos y China, están gastándose dineros increíbles para arbolarse científicamente. Así que espero que también Europa y España no pierdan el tren y sigan entendiendo que la investigación científica es fundamental para una sociedad moderna. Espero también que seamos lo suficientemente cultos, y cuando digo seamos me refiero a nuestros políticos, para que la investigación científica no decaiga.

–¿Pero en qué porcentaje aproximado ha podido influir esta situación de crisis global en las cuentas del IAC?

–Por supuesto que hemos tenido recortes, como todo el mundo, pero yo siempre he pensado que cuando uno tiene una gran idea y es perseverante la acaba consiguiendo, a pesar de las dificultades. Porque cuando se dice que hay crisis, hay crisis para todo, pero cuando nuestras comunidades autónomas, los gobiernos y hasta Europa recortan gastos, ¿en qué ahorran?

–Seguro que muchos ciudadanos harían otro tipo de recortes que no afectaran a lo básico.

–Evidentemente. Todo es cuestión de prioridades.

–Todos los agostos una expedición dirigida por el investigador del IAC Miquel Serra observa diferentes fenómenos de la naturaleza en distintas partes del mundo. En esta ocasión toca el turno a las auroras boreales desde el sur de Groenlandia. ¿Qué se hace con los datos obtenidos?

–En realidad son viajes culturales, no científicos. Se hacen con dineros conseguidos fuera del Instituto y en ellas participan chicos y chicas adolescentes, generalmente. Es como una ONG del Instituto; éste no pone un duro, sino gente y conocimiento, y es para el disfrute personal.

–El próximo mes de noviembre celebran la cuarta reunión Ciencia con el Grantecan (GTC). ¿A este tipo de congresos se va con un objetivo claro?

–Hay congresos y congresos; la ciencia tiene que propagarse y para ello sirven estas reuniones, para divulgar e intercambiar experiencias, crear vínculos y avanzar juntos. El de noviembre va a ser muy especial, porque ya vamos a presentar resultados. Cuando empezamos a construir el GTC dijimos que el telescopio era clave para la ciencia y teníamos que preparar a nuestras comunidades científicas para sacarle provecho. Las anteriores reuniones con el GTC se celebraron en Granada, México y Estados Unidos. Los primeros congresos eran para ver qué hacíamos, cómo afinábamos las ideas, como preparábamos a los grupos. En noviembre ya conoceremos resultados.

–¿Puede adelantarnos alguno?

–¡Qué va! Vete al congreso.

–Me gustaría, sin duda. Cambiando de tema, ¿qué nos cuenta de la colaboración del Instituto con el Cabildo palmero para fomentar el turismo de las estrellas?

–Bueno, te cuento. Desde siempre el IAC ha querido llegar a la sociedad de forma directa para explicar lo que hacíamos. Porque, además, la astronomía engancha mucho. A todo el mundo le gusta saber dónde estamos y qué pasa por allá arriba, por lo que la astronomía es un buen vehículo para culturizar a la gente. Y desde siempre hemos intentado también que no sólo nosotros, como astrofísicos, fuéramos los encargados de trasladar estos conocimientos a la gente, sino que se explotara turísticamente. Por eso me alegra muchísimo que después de muchos años nuestros políticos se estén poniendo manos a la obra. Y la presidenta del Cabildo palmero (Guadalupe González Taño) lo ha entendido muy bien. Está movilizando La Palma como isla del sol y las estrellas. En esta línea, nuestra iniciativa y fundación Starlight está haciendo proyectos. Entre otros, acabamos de celebrar el primer curso de guías Starlight para capacitar a personas con conocimientos astronómicos con el fin de que puedan hacer disfrutar a la gente a contemplar el cielo.

–Sería una salida interesante para revitalizar el turismo.

–Pero no es algo de ahora. Yo vengo predicando en el desierto 20 años o más para que Canarias aproveche la peculiaridad que la hace singular, su cielo, para atraer a un turismo especial, porque hay astrónomos aficionados en todo el mundo y para estas personas el venir a un lugar increíble como el nuestro o hacerse una foto en el mayor telescopio del mundo es un gran atractivo turístico que debería aprovecharse. Es una lástima que no se haya hecho. Como siempre soy optimista, creo que esta crisis va a permitir varias cosas: una, que el turismo se concentre en Canarias en aquellos aspectos que nos hacen significativamente diferentes y, después, que el capital canario no sólo se gaste en turismo habitual y construcción. Por eso veo que ahora es más fácil invertir en tecnología.

–Tienen entre manos un nuevo proyecto, el del telescopio solar europeo, que sería el más grande del mundo. En junio se reunieron en Tenerife para abordar este asunto, ¿cómo va de avanzado?

–A ver, tenemos un preproyecto. El pasado junio se reunió en la sede del Instituto un comité de expertos independientes, los más sabios del mundo, para que lo criticaran. Fue una revisión técnica del proyecto que se instalará, en cualquier caso, en Canarias.

–¿Y cómo salió?

–Pues muy bien, la verdad. Ahora lo que falta es el dinero.

–¿Qué podríamos conocer con este telescopio solar?

–Cuando hablamos de que es el telescopio más grande del mundo nos referimos a que su área colectora de luz es la mayor. Eso quiere decir que como la luz se dispersa y va disminuyendo su intensidad con la distancia, pues queremos también un gran telescopio para ver el Sol en detalle. No debemos olvidar que basta que estornude el Sol para que desaparezcamos de la Tierra; por eso es conveniente conocerlo bien. Ahora que está de moda la energía de fusión (proyecto ITER), porque hace falta encontrar procedimientos limpios de generación de energía, hay que tener en cuenta que el Sol la tiene. Es decir, que fabrica helio con el hidrógeno y lo mantiene confinado durante el proceso. Se habla de confinar en la Tierra una especie de sol que sea capaz de hacer esa fusión (reacción en la que dos núcleos atómicos ligeros se funden para formar un núcleo más pesado, liberándose gran cantidad de energía en el proceso). Con este telescopio podríamos ver detalles que nos permitirían saber mucho mejor cómo funciona el Sol y cómo maneja esa energía.

–¿Cuál es el espectáculo visual astronómico más bonito que ha contemplado?

–La noche estrellada a ojo desnudo, sin telescopio. Es maravilloso, y cualquier ser humano tiene a su alcance el poder ver el cielo por la noche. Lo que hace falta es que no haya contaminación lumínica. De ahí la importancia del proyecto Starlight, porque con él tratamos de que la gente pueda contemplar el cielo como lo hacían unas cuantas generaciones atrás. Nadie es insensible a la belleza de una noche estrellada.

–De los pianistas se dice que si no tocan un día lo notan ellos, si no lo hacen dos días, se dan cuenta sus colegas de profesión, y si no lo hacen durante tres días, se da cuenta el público en general. ¿También se oxidan los científicos si pasan tiempo sin investigar?

–Puedes decir lo mismo que los pianistas, pero en vez de en días, en años. Pasa igual, los científicos se desactualizan.

–¿Y usted que lleva más una labor de gestión al frente del IAC?

–Ah, yo estoy totalmente desactualizado. Bueno, en realidad no usaría ese término. Procuro estar al día, pero me explico. En ciencia hay que ser súper especialista. Yo ya no lo soy porque no trabajo de forma directa en ningún campo del conocimiento científico. La astronomía o la astrofísica en sí no es una especialidad, es un cajón de sastre donde hay muchas áreas específicas. Lo que yo sí estoy es muy al tanto de todo de forma global. Lo más importante lo sé, pero no me manejo en los detalles. Yo empecé haciendo investigación antes de acabar mi carrera de Física en el Instituto de Óptica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pero hace muchos años que la vida ha hecho que me dedique a sacar esto (IAC) adelante. Antes dirigía tesis, pero llegó un momento en que no podía. Ahora volveré, cuando consiga por fin jubilarme y logre que el Instituto tenga unos estatutos y se nombre un director como yo quiero que se haga. Y no me refiero a que sea quien yo quiera, que no tengo a nadie, sino que no se haga por el dedo de los políticos, sino como se hace en los grandes centros: a través de un comité internacional que elija al mejor.

–Entonces se está preparando para poder descansar y jubilarse.

–Descansar no, divertirme con la astronomía otra vez.

–¿Y cuándo llegará ese momento?

–El año que viene, espero, aunque siempre digo el año que viene (risas). Creo que en 2012 podré retirarme de verdad.

–En una entrevista dijo usted que le gustaría escribir sus memorias. ¿Ya tiene título?

–No, pero memorias mías no, sino la historia del Instituto, porque es muy significativo lo que ha ocurrido aquí y vale la pena contarlo. Está lleno de anécdotas.

–¿Qué puerta podría abrirnos el hallazgo de torrentes de agua salada en Marte? Parece que estamos empeñados en poder vivir algún día en el Planeta Rojo.

–A ver, cada vez que se descubren cosas en Marte relacionadas con el agua todo el mundo habla de la posibilidad de habitar ese planeta. No cabe duda de que allí ha habido agua, pero también que si la hay ahora está muy escondida. ¿Cómo ha llegado Marte a ser un planeta inhabitable, quemado, cuando tenía nubes como la Tierra? Ése es el problema. Debemos tener cuidado de que nuestro planeta no se convierta en un Marte tan difícil de habitar. Queremos irnos a habitar otros planetas raros, como Marte, y no hacemos nada por mantener el nuestro en condiciones adecuadas. Es el típico disparate de huida hacia adelante.

–Lo mismo se cuenta de Venus, que hace millones de años tuvo condiciones similares a la Tierra, pero algo ocurrió que lo convirtió en un sitio inhóspito.

–Más o menos vamos sabiendo lo que ocurrió y lo que está pasando, y tiene mucho que ver con el efecto invernadero.

–¿Cuál sería el gran espaldarazo para el Instituto de Astrofísica de Canarias?

–Me gustaría mucho que a alguno de los investigadores extraordinariamente brillantes que tenemos le dieran el Nobel. Hay gente aquí que tiene madera.

–¿Cuán importantes son los premios para el IAC?

–Los premios otorgan prestigio, pero no son realmente la clave. El IAC los recibe continuamente.

–Entonces, un centro de investigación con buenos profesionales que no haya sido premiado...

–Si tiene buenos profesionales es altamente difícil que no haya tenido premios, pero lo que hace que un centro sea de primera no son los premios, sino la ciencia que produce y la tecnología que eyecta al exterior.

–¿Le gustan las películas de ciencia ficción?

–Me gusta el cine en general. Lo que no me gusta es que la gente se crea que estas películas van por delante de la ciencia. Salvo casos muy especiales la ciencia es tan increíblemente fantástica y misteriosa que los que se dedican a la investigación se dan cuenta de que no hace falta acceder a la realidad inalcanzable que se muestra en algunas películas.

–Cuando vuelva a divertirse, ¿qué le gustaría descubrir?

–Muchas cosas, una de ellas es saber algo más de la energía oscura o energía de vacío.

–¿Y qué es la energía oscura?

–Es más del 70% del Universo. Hace cinco o seis años se puso en evidencia que nuestro universo no está acelerado, sino muy acelerado. En vez de que la gravedad vaya frenando esa aceleración y pudiera producirse una implosión, lo que ocurre es que el Universo se expande de forma muy acelerada. Entonces, cuando se hacen calculitos uno comprueba que lo que vemos es sólo un 4 ó 5% de lo que existe, que más del 70% es energía oscura –que no tenemos ni la más remota idea de lo que es, pero suponemos que existe porque explica la aceleración del Universo– y el resto es materia oscura, que tampoco sabemos lo que es, aunque más o menos podemos imaginarlo. Y lo poquísimo que conocemos del Universo ya es mucho. Esto significa dos cosas: una, lo inmenso que es, y dos, la finitud del ser humano. Ni sabemos quiénes somos, imagínate saber qué es el Universo.

–¿Y ese misterio nunca le quita el sueño?

–La verdad es que duermo bien.

NAIMA PÉREZ | laopinion.es

0 comentarios:

Publicar un comentario

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More